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Domingo, 4 de octubre de 2026
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Una mañana empieza a cuidarse la noche anterior: claves para ordenar el cuerpo antes de que el día se venga encima

Dormir lo suficiente, sumar fibra al desayuno y romper las pausas de sedentarismo son tres pilares cotidianos que, según especialistas consultados por medios internacionales, ayudan a prevenir enfermedades y a empezar el día con menos exigencia para el cuerpo. La estrategia se arma de a poco y se adapta a cada realidad.

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Paola CardozoSalud y sociedad · · 4 min de lectura
Una mañana empieza a cuidarse la noche anterior: claves para ordenar el cuerpo antes de que el día se venga encima

Vuelvo de la guardia con el cuerpo todavía con la silla del momento en que alguien entra con la mirada de alguien: es urgente. María, 52 años, atendió en su casa una llamada perdida del trabajo antes de las seis de la mañana, se tomó un café con dos tostadas de pan blanco y salió corriendo hacia el colectivo. A las diez ya estaba sentada otra vez frente a la computadora, con un sándwich de jamón y queso en una mano y el mouse en la otra. Cuando llegó a la consulta me dijo, casi como pidiendo permiso, que hacía más de un año que no recordaba una noche entera de sueño y que se sentía inflamada, cansada y a la vez agotada de una manera que no sabía explicar. Me miró y me preguntó, con esa mezcla de vergüenza y hartazgo que conozco bien, si todo eso podía tener que ver con la manera en que empezaba sus días.

Le dije que sí, que no era un detalle menor, y que las recomendaciones que aparecen una y otra vez en los manuales de prevención coinciden en algo básico: una mañana saludable se empieza a armar la noche anterior. Preparar la ropa, dejar organizado el desayuno, revisar la alarma: pequeños gestos domésticos que parecen triviales pero que, en la práctica, le quitan presión al momento de levantarse y ayudan a preservar las horas de descanso que el cuerpo necesita para repararse.

Dormir no es un lujo: es parte del tratamiento

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos son claros con los números: las personas de 18 a 60 años necesitan al menos siete horas de sueño por noche, y entre los 61 y los 64 años el rango se mantiene entre siete y nueve horas. El descanso, insisten, no es un accesorio de la vida moderna: es uno de los pilares del cuidado cotidiano, junto con la alimentación, la actividad física y el bienestar mental.

En el caso de María, el problema no era que se acostara tarde, sino que la noche anterior se le había hecho corta. Había preparado la ropa, sí, pero se quedó mirando el celular hasta que el sueño se le pasó como un tren. Esa franja entre la última mirada a la pantalla y el momento de apagar la luz es, para muchas personas, la diferencia entre descansar y sobrevivir al día siguiente.

Antes de mirar el celular: unos minutos de calma

La nutricionista Serena Pratt, en una charla que repasaron medios internacionales, propuso algo tan simple como difícil de aplicar en estos tiempos: antes de abrir el mail, antes de responder ese mensaje que llegó de madrugada, reservar unos minutos para recuperar la calma. La Organización Mundial de la Salud incluye entre sus herramientas de bienestar algo parecido: hacer la respiración más lenta, prestar atención al aire que entra y sale, reconnectarse con el entorno antes de entrar en modo urgente.

Le sugerí a María que probara con dos minutos. Solo dos. Sentarse en el borde de la cama, respirar lento, mirar por la ventana antes de agarrar el teléfono. No es meditación, no es mindfulness con nombre propio, es apenas un intervalo de humanidad entre el sueño y el primer grito de la agenda.

Mover el cuerpo, aunque sea un poco, antes de que el día lo frene

Después del desayuno, el médico Scott Nass, también consultado por medios extranjeros, sugirió algo que en la guardia vemos faltar todo el tiempo: interrumpir el tiempo sentado. Una caminata corta, unos estiramientos, levantarse para llenar el termo: lo que sea con tal de que el cuerpo no se quede clavado en la silla durante horas. Para los adultos, la OMS recomienda acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o su equivalente en actividad vigorosa, y aclara que no hace falta concentrarlo todo a primera hora de la mañana.

  • Avena, frutas y semillas en el desayuno para incorporar este nutriente desde temprano.
  • Legumbres, verduras y cereales integrales para sostener el aporte en el resto del día.
  • Caminatas cortas o pausas para estirarse como forma de romper las horas sentado.
  • Respiración lenta y atención al entorno antes de empezar con las obligaciones.

Vuelvo a María. No le cambié la vida en una consulta, ni era ese el objetivo. Le propuse algo tan concreto como esto: acostarse quince minutos antes, sumar una fruta o unas semillas al desayuno, levantarse cada dos horas para estirar las piernas, y probar esos dos minutos de calma antes de mirar el celular. Medidas chicas, dice la evidencia, que ajustadas a las posibilidades de cada persona, no reemplazan la consulta médica pero acompañan la prevención. María me miró, se acomodó la campera y me dijo, mientras se iba, que esa misma noche iba a empezar por lo más fácil: dejar listo el desayuno. A veces la salud empieza por ahí, por un frasco de avena abierto la noche anterior.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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