Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Vendieron todo y no trajeron a nadie: el Rojo se quedó con los bolsillos vacíos y la plantilla flaca

Avelaneda despidió a Ávalos, Lomónaco y Gutiérrez en el cierre del libro de pases y no sumó ni un refuerzo; el técnico deberá armar el rompecabezas con lo que queda en el vestuario.

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Ezequiel ArjonaDeportes · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A los 40 segundos del segundo tiempo, en una de esas jugadas que cambian el aire de la cancha, la pelota le quedó a Ávalos y la mandó a guardar. Era el partido que el Rojo necesitaba ganar para respirar en el torneo. Pero ese mismo hombre que eligió la red como destino ya tenía un pie fuera de Avellaneda. El Rojo vendió, vendió y volvió a vender. Y no trajo a nadie.

El club cerró el mercado con tres salidas de peso y la billetera tiritando. Gabriel Ávalos se fue a Olimpia de Paraguay en una operación que incluyó la cancelación de la tercera cuota y un porcentaje de la cuarta del pase de Zabala, más compromisos pendientes con el propio delantero. Por todos los conceptos la transferencia cerró en 950.000 dólares.

Los tres que se fueron y el dinero que no alcanza

  • Ávalos, a Olimpia, por 950 mil dólares limpios, aunque buena parte se fue en apagar deudas viejas.
  • Lomónaco, al Elche de España, por 5,5 millones de dólares: plata que sirvió para cancelar lo que se le debía al club español por Marcone y para repartir con Bragantino, que tenía su tajada.
  • Gutiérrez, el chileno que era la figurita difícil del ataque, se marchó sin anuncio oficial de reemplazo.

El Rojo juntó unos dólares que ya tenían nombre y apellido antes de pisar la caja del club. La operación de Lomónaco, la más grande, se gastó casi entera en cancelar viejas deudas con el Elche y con Bragantino. Lo de Ávalos fue similar: plata fresca que se fue en compromisos anteriores. Traducido: vendieron para pagar, no para reforzar.

Y mientras tanto, el torneo siguió avanzando. Las tres salidas se concretaron con la pelota ya rodando, lo que le sacó al cuerpo técnico la posibilidad de armar el plantel con tiempo y con calma. No hubo pretemporada, no hubo ensayos, no hubo caras nuevas para tapar los huecos que dejaron los que se fueron.

El historial de este ciclo cuenta una historia parecida: Felipe Loyola salió a Pisa con obligación de compra por 5,5 millones de euros si juega al menos cinco partidos. Sergio Barreto terminó en Pachuca. Ventana tras ventana, el patrón se repite. Se vende para apagar incendios del pasado y el equipo se va quedando en pelotas para lo que viene.

Lo más crudo de todo es que el Rojo hoy tiene menos opciones en ataque y en defensa justo cuando la competencia ya lleva varias fechas masticadas. El técnico tendrá que reorganizar la estructura con lo que quede en el vestuario mientras la dirigencia pelea con los números en rojo. Una rutina que en Avellaneda ya parece costumbre.

Mientras tanto, en la tabla, Independiente sigue buscando puntos que lo alejen del fondo y se prepara para el próximo compromiso con un plantel que amaneció más flaco de lo que se fue a dormir. La pregunta que queda flotando en el aire de la cancha, con ese calor que te pega en la nuca y te hace pensar cosas feas, es si con estos nombres alcanza. La respuesta, querido lector, la dará la pelota.

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Ezequiel ArjonaDeportes

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