Venecia, el heladero de Devoto que nació en una habitación y ahora mira la tercera generación
Avenida San Martín 6877, mismo local desde 1966, un kilo a $25.000 y una historia de socios que se separaron, una familia que compró el negocio en cuotas y herederos que garantizan la continuidad.

En Villa Devoto, sobre la Avenida San Martín al 6877, la heladería y cafetería Venecia atraviesa su sexto aniversario redondo sin haberse movido nunca de la cuadra. Sesenta años después de su apertura, en la primavera de 1966, el local sigue funcionando en la misma dirección, con la misma receta artesanal y con la familia Santa María al frente: los hermanos Analía y Adrián, y desde hace un tiempo también Gianluca, el nieto de los fundadores que da nombre a la tercera generación.
El negocio abrió todos los días, sin pausas, de 9 a 0.30. El kilo de helado cuesta $25.000 y la carta combina sabores clásicos como el dulce de leche granizado y el sambayón —los más pedidos por el público del barrio— con una línea propia llamada venecianos, que ofrece chocolate, dulce de leche y crema de vainilla con nuez caramelizada. Una de las especialidades de la casa es el espumón de chocolate, de textura similar a una mousse liviana, y la oferta se completa con cinco o seis opciones sin azúcar, tortas caseras que Analía elabora desde su formación en pastelería, y en los últimos tiempos el llamado chocolate Dubai, la última incorporación.
De empleados a dueños: cómo se construyó la continuidad
La historia de Venecia no empezó con los Santa María, sino con Rubén Enrique, que en sus orígenes se desempeñó como empleado de los socios fundadores Eduardo Bernal y Eduardo Arzac. Cuando ambos se separaron, Rubén adquirió el negocio mediante pagos mensuales y desde entonces lo sostuvo junto con su esposa, Beatriz Ofelia Fernández, conocida en el barrio como Betty. La continuidad se sostuvo con un dato que la nota original rescata: en los primeros años la familia dormía en una habitación del fondo del local, junto a los motores de las máquinas.
Cuando Rubén enfermó, Adrián asumió las tareas de producción con apenas 17 o 18 años. Tras la muerte de ambos padres, él y Analía continuaron al frente. Hoy la tercera generación ya tiene nombre y apellido: Gianluca, nieto de los dos, que trabaja en el local que sus abuelos compraron en cuotas.
Seis décadas y un reconocimiento sectorial
En septiembre, la Asociación de Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (AFADHYA) le entregó a Venecia un reconocimiento por sus sesenta años de trayectoria, un respaldo del sector que llega cuando la familia ya proyecta una sucursal abierta cerca de la plaza de Devoto. Entre los clientes hay familias que mantienen la costumbre de acercarse después de comer en el barrio, y Adrián cuenta que ahora atienden a los nietos de quienes los visitaban en los primeros tiempos.
El aniversario encuentra a Venecia exactamente donde empezó: misma dirección, mismo rubro, misma familia. Cuestión de tiempo y de no aflojar.
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