Villa Ortúzar se consolida como polo gastronómico con alquileres más bajos y locales de gran porte
Asadores, pastelerías en galpones, confiterías y restaurantes de manteles largos encontraron en el barrio porteño una ecuación que combina metros cuadrados abundantes, valores locativos entre un 15 y un 20 por ciento por debajo de los de Chacarita o Núñez y un perfil de cliente que llega a propósito. La Comuna 12, que incluye a Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredón, fue la que más creció en población entre 2010 y 2022, según el Censo.

Villa Ortúzar no figura entre los polos gastronómicos clásicos de la Ciudad de Buenos Aires, ni tampoco aparece mencionado en las guías que recomiendan dónde salir a cenar. Se trata, en cambio, de un barrio de casas bajas, veredas anchas, poco movimiento nocturno y un tránsito peatonal reducido, en el que casi nadie deambula con hambre sin un destino previamente definido. Esa condición, que durante décadas operó como una limitación para la instalación de locales destinados a la restauración, dejó de ser un problema para un conjunto de cocineros y pasteleros que en los últimos años abrieron allí sus propios emprendimientos, y pasó a transformarse en una pieza central del modelo de negocio que eligieron para desarrollar sus propuestas.
De acuerdo con la información recopilada en el barrio, la ecuación que motorizó la llegada de estas propuestas se apoya en dos variables concretas. Por un lado, los alquileres en Villa Ortúzar se ubican entre un 15 y un 20 por ciento por debajo de los valores que rigen en zonas gastronómicas ya consolidadas como Chacarita o Núñez, una diferencia que en los márgenes del sector resulta significativa. Por otro lado, ese menor costo locativo se traduce en superficies más amplias, con metros adicionales que los emprendedores destinan a depósitos, cocinas más espaciosas o mesas al aire libre, aprovechando la disponibilidad de veredas anchas y la posibilidad de ofrecer estacionamiento sin las complicaciones que caracterizan a los barrios gastronómicos más tradicionales.
Un paisaje que combina pasado industrial y residuo de la memoria
El paisaje del barrio conserva lo que quedó de su pasado industrial y lo articula con una trama residencial de baja densidad. Las grandes usinas y fábricas que definieron a Villa Ortúzar a principios del siglo XX cedieron paso a casas bajas, arboledas y un ritmo de circulación pausado. En la actualidad, la oferta nueva convive con una serie de clásicos que llevan décadas funcionando y que afianzaron una clientela de barrio mucho antes de que la zona empezara a ser mencionada como destino gastronómico: una pizzería con cola en la vereda a raíz de la demanda que genera su fugazzeta rellena, una parrilla que atiende durante las veinticuatro horas, una cervecería abierta desde 1943 que ofrece picadas y milanesas, y un bar notable cuya apertura se remonta a 1930.
La llegada de las propuestas más recientes generó, según los propios protagonistas, un efecto acumulativo. Cada apertura amplía la cantidad de razones disponibles para trasladarse hasta el barrio, y esa circulación creciente funciona como incentivo para que otros emprendedores se animen a sumarse. El caso de la pastelería instalada en 2023 sobre un antiguo depósito de materiales resulta ilustrativo de esa dinámica: el local recibe sobre todo a personas que se dirigen a trabajar o a sostener reuniones de trabajo, valora la disposición de mesas bien separadas entre sí y termina quedándose con un ticket promedio más alto que el de la sucursal del mismo proyecto ubicada en otro distrito, donde predomina la venta de pastelería para llevar y el consumo se resuelve con mayor rapidez.
- Asadores, pastelerías en galpones, confiterías y restaurantes con manteles largos y velas se instalaron en Villa Ortúzar en los últimos años, atraídos por una combinación de alquileres entre un 15 y un 20 por ciento más bajos que en Chacarita o Núñez y de superficies más amplias que permiten depósitos, cocinas generosas o mesas al aire libre.
- El barrio conserva el residuo de su pasado industrial, con usinas y fábricas reemplazadas por casas bajas, arboledas y un tránsito peatonal reducido, y articula esa fisonomía con una clientela afianzada por décadas en pizzerías, parrillas, cervecerías y bares notables abiertos desde mediados del siglo XX.
- La proximidad con Chacarita, Colegiales y Villa Urquiza, sumada al crecimiento demográfico de la Comuna 12, que incluye a Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredón, aportó una masa de público que llega a propósito, atraída por el producto y no por el paso casual, y que sostiene consumos más prolongados y tickets promedio más altos.
Desde el punto de vista geográfico, Villa Ortúzar se ubica en las cercanías de Chacarita, Colegiales y Villa Urquiza, todos ellos barrios con una oferta gastronómica consolidada, lo que refuerza la hipótesis de que el público que se desplaza hasta el nuevo polo lo hace con una intención previamente definida. En ese sentido, los datos del Censo 2022 permiten situar el fenómeno en un contexto más amplio: la Comuna 12, que agrupa a Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredón, fue la que registró el mayor crecimiento poblacional de la Ciudad de Buenos Aires entre 2010 y 2022, una dinámica que ensanchó la base de potenciales clientes y que, según los emprendedores consultados, contribuyó a sostener el flujo de consumidores en los locales recientemente inaugurados.
“La diferencia de alquileres no se traduce solamente en un ahorro contable, sino en metros cuadrados que permiten cocinar con otra comodidad, almacenar insumos sin restringir la carta y disponer de mesas al aire libre los días de sol, algo impracticable en los corredores gastronómicos del centro.”Emprendedor gastronómico de Villa Ortúzar
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