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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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37 chicos de Neuquén vuelan a ver cómo se hace un auto de verdad

Alumnos de sexto año de la EPET 17 organizaron bingos, vendieron pollos y sortearon premios durante meses para costear un viaje de estudios a la planta de Ford y a una fábrica de cajas en Buenos Aires. Ahora piden una mano para llegar al lunes con todo pago.

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Paola CardozoSalud y sociedad · · 4 min de lectura
37 chicos de Neuquén vuelan a ver cómo se hace un auto de verdad

A veces una noticia empieza con un número y termina con un nombre propio. Esta empieza con 37 chicos y termina con un alias de Mercado Pago. En el medio hay meses de bingos, pollos vendidos en la puerta de la escuela y familias que pusieron plata de su bolsillo para que un grupo de estudiantes de autotrónica pudiera subirse a un avión por primera vez y ver, con sus propios ojos, cómo se arma una caja de cambios o cómo funciona la electrónica de un Ford en serie.

Son los alumnos de sexto año de la EPET 17 de Neuquén, una escuela técnica enclavada en el barrio Gregorio Álvarez que desde hace décadas forma mecánicos y electrónicos del automotor. Cursan la especialidad de autotrónica, ese cruce entre la mecánica tradicional y la informática que hoy tienen todos los vehículos modernos, desde un utilitario hasta una pick up. Para ellos, la mayoría de los cuales ya hizo pasantías en talleres reales y muchos piensa en seguir la carrera técnica después de diciembre, visitar una fábrica a escala industrial es un horizonte que el aula no puede dibujar.

Un viaje que se arma entre todos

La idea se cocinó a mediados de año y la empujó Patricio Fontenla, maestro de enseñanza práctica de Autotrónica, junto al resto del cuerpo docente, el equipo de preceptores y, sobre todo, las familias. Entre todos montaron bingos, vendieron pollos asados en el playón y sortearon premios chicos, grandes, lo que se pudiera. La movida alcanzó para pagar los pasajes de avión de ida y vuelta, el transporte en Buenos Aires y la mitad del alojamiento. Lo que falta ronda los 15 o 16 millones de pesos, un número que en una economía cada vez más dolarizada suena enorme y, al mismo tiempo, es la diferencia entre que estos chicos vivan la experiencia o se queden mirando la foto en el grupo de WhatsApp.

Es que el traslado cubre hasta el hospedaje restante, los almuerzos de cuatro días y cualquier traslado extra que surja en la capital, desde un remise hasta un colectivo. La tropa la encabezan cuatro profesores y una preceptora. El lunes a primera hora despegan 37 pibes rumbo a Buenos Aires, varios por primera vez en avión, prácticamente todos por primera vez en la capital. Pienso en lo que significa eso para un chico de Neuquén que conoce la estepa, los barrios altos y la ruta 22: de pronto, el Obelisco, la Casa Rosada y el Museo del Automóvil del ACA dejan de ser imágenes de la tele para convertirse en una vereda, un ruido, una sombra propia.

El aula que no entra en un aula

La EPET 17 tiene sus talleres en Gregorio Álvarez, en un espacio con elevador para vehículos, scanners, bancos de prueba y herramientas profesionales. Como ocurre en casi todas las escuelas técnicas del país, buena parte del equipamiento llegó por donaciones de agencias, concesionarias y empresas del rubro, que se hacen cargo de lo que el presupuesto oficial no alcanza. En ese contexto, el viaje a Ford Pacheco funciona como una extensión natural del taller: lo que ahí se estudia con una plaqueta y un banco, en la fábrica se ve corrido en una cinta, a escala y con gente que lo hace todos los días.

Cuando uno entra a una guardia de un hospital, lo que ve primero son los casos puntuales: un paciente, una historia, un apellido. Después entiende que cada uno trae detrás una red que sostiene, y que sin esa red el sistema no se tiene en pie. Con las escuelas técnicas pasa algo parecido. Cada chico que llega a sexto año es la punta visible de familias, docentes y vecinos que pusieron tiempo, plata y fe para que esa formación sea posible. Los 37 chicos de la EPET 17 son esa punta. Y el alias bingo.epet17, a nombre de Claudia Arrieta, es la manera concreta de sumarse a esa red antes del lunes.

“Son chicos que ya están en la recta final de su formación, la mayoría pasó por prácticas en talleres y muchos van a terminar insertándose en el mundo laboral de la automoción. Que puedan ver una fábrica a escala industrial es algo que ninguna clase puede reemplazar.”Patricio Fontenla, maestro de enseñanza práctica de Autotrónica de la EPET 17

Me pregunto cuántas veces, como lectores, pasamos por alto estas movidas barriales. Porque acá no hay una cámara de televisión ni un recorte de cinta: hay un bingo, una planilla de Excel compartida por WhatsApp y un grupo de papás que confían en que la educación técnica vale el esfuerzo. Conocés alguna iniciativa similar en tu barrio, en tu ciudad, donde las familias y los vecinos se organicen para empujar a los pibes que estudian oficios? Vale la pena contarlas, porque son la columna invisible de una formación que el país necesita mucho más de lo que admite.

PC
Paola CardozoSalud y sociedad

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