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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Budín sin manteca, con toda la onda: seis variantes para que la harina no se te vaya al techo

Aceite neutro, dosificados los tiempos y cero excèsos de batidora: las claves para que la miga quede húmeda, esponjosa y llena de sabor, sin necesidad de un solo trozo de manteca.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · · 2 min de lectura
Budín sin manteca, con toda la onda: seis variantes para que la harina no se te vaya al techo

Vivo rodeada de personas que todavía creen que un budín decente es, por definición, un budín con manteca. Error. Preparar uno sin manteca no solo es posible: es más fácil, más rápido y, si te toca bien el pulso, hasta más rico. (Algo que, claro, jamás voy a admitir frente a mi tía Marta, que sigue sosteniendo que el olor a manteca derretida es el verdadero perfume del domingo.)

El truco está, como casi siempre en la cocina, en un solo ingrediente: el aceite de sabor neutro, de girasol o maíz, que reemplaza a la manteca con ventajas concretas. No necesita estar a temperatura ambiente, no hay que derretirlo, y conserva la humedad de la miga incluso después de que el budín se enfría. El aceite de oliva también sirve, aunque ahí ya entramos en territorio de discusión familiar que prefiero evitar.

Dos cosas que separan al budín seco del que se come con los ojos cerrados

La primera es no sobrebatir la mezcla una vez que cae la harina. La segunda, respetar los tiempos de cocción: horno muy fuerte o cinco minutos de más y se te va al carajo la humedad. Para chequearlo, va el palillo en el centro. Si sale limpio, está. Si sale con masa, hay que darle otro rato y rezar.

Las seis variantes que vale la pena probar

  • Marmolado: capas alternadas de vainilla y chocolate, con queso crema de yapa para que la miga quede más húmeda. El secreto es no mezclar las dos preparaciones, solo distribuirlas en el molde para que el dibujo quede definido.
  • Banana: la fruta madura aporta dulzura natural y una textura compacta que se banca cualquier merienda.
  • Naranja y mandarina: se usan con jugo y ralladura para potenciar el aroma. La mandarina tiene una variante práctica: se procesa entera, con cáscara y sin semillas, directo en la licuadora.
  • Limón con yogur: sin azúcar, endulzada con edulcorante apto para cocinar. Liviana, fresca, ideal para el verano.
  • Algarroba con banana: sabor levemente acaramelado, se endulza con miel o edulcorante según el bolsillo y la dieta.
  • Clásica de aceite neutro: la base de todas las demás, perfecta para empezar.

De todas las opciones rescato, como suele pasar, a la más desconocida: la harina de algarroba. Tiene un punto acaramelado suave que combina bárbaro con la banana madura y queda fenómeno con un mate o un café al lado. No la vas a encontrar en cualquier dietética, pero vale la pena rastrearla.

El equipamiento tampoco es un problema: licuadora, batidora manual o un bowl con buena muñeca alcanzan. Pasos cortos, ingredientes accesibles y, sobre todo, la tranquilidad de abrir la puerta del horno sin que el olor a manteca delate lo que estás tramando en la cocina. Recomendación concreta para el finde: arrancá por el de naranja y mandarina. Es el más aromático, el más fácil y el que mejor se banca un par de horas fuera de la heladera mientras llegan las visitas.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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