Burnout: cuando el cuerpo se queda sin nafta y pide señales claras para volver a arrancar
La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el estrés sostenido desordena el cortisol y arruina el sueño, el ánimo y la digestión. Cinco hábitos cotidianos pueden empezar a revertir el agotamiento, siempre sin reemplazar la consulta médica cuando los síntomas persisten.

Lo conocí a fines de noviembre, en una guardia periférica de Buenos Aires donde cubría una nota sobre licencias por estrés. Tenía 46 años, era jefe de obra en una constructora de zona norte y llevaba casi dos años sin cortar a las siete de la tarde. Me dijo, mientras el médico le controlaba la presión, que se levantaba más cansado de lo que se acostaba, que le temblaban las manos antes de las reuniones y que había empezado a olvidar nombres de clientes de toda la vida. No era un cuadro dramático, pero estaba a mitad de camino de uno. Esa imagen, la de un hombre funcional por fuera y derrumbado por dentro, es la postal más justa del agotamiento laboral que describen los especialistas cuando hablan de burnout.
Cuando volví al portal y empecé a leer con más calma lo que explica Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook, la coincidencia fue exacta. La exposición prolongada al estrés, dice la especialista, activa de forma sostenida la producción de cortisol, la hormona que el cuerpo asocia con la respuesta de alerta. Si esa alarma se queda encendida durante semanas o meses, el organismo prioriza mecanismos de supervivencia y va dejando en segundo plano funciones tan básicas como la digestión, el descanso profundo y el equilibrio reproductivo. El resultado es el que ya intuía ese jefe de obra: cansancio continuo, dificultad para dormir, cambios de humor y la sensación amarga de no recuperarse ni después de un fin de semana libre.
Cinco hábitos que proponen empezar a descomprimir
Shand propone cinco medidas para meter en la rutina diaria. La primera suena a consejo de madre, pero la lógica es fisiológica: sostener una alimentación regular que combine proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos. Es la manera de evitar los picos y caídas de glucosa que, en un cuerpo ya fatigado, multiplican la irritabilidad y la falta de concentración. Saltear comidas o apoyarse en ultraprocesados funciona como echarle nafta mala a un motor que ya está fallando.
El segundo hábito apunta al sueño, y la comparación más cercana es la de una casa: así como uno cierra la puerta, baja la persiana y apaga las luces antes de dormir, el cuerpo necesita señales claras de que la jornada terminó. Shand sugiere instalar una rutina previa a acostarse: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como esos gestos domésticos que separan el día de la noche. La regularidad de los horarios, asegura, puede ser tan importante como la cantidad de horas dormidas.
- Alimentación regular con proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para sostener la glucosa y evitar bajones de energía.
- Rutina previa al sueño con señales claras: baño con sales de magnesio, infusión sin cafeína o escritura breve antes de apagar la luz.
- Infusiones nocturnas con plantas relajantes como manzanilla, lavanda, toronjil o pasiflora, previa consulta profesional.
- Adaptógenos como albahaca sagrada o ashwagandha para mejorar la tolerancia al estrés, también bajo supervisión médica.
- Reconocimiento de los propios ciclos de energía para ordenar tareas y descansos según cada momento del día.
Como tercer recurso, la especialista menciona plantas asociadas a la relajación, entre ellas la manzanilla, la lavanda, el toronjil y la pasiflora, que pueden incorporarse a una rutina nocturna. En cuarto lugar ubica a los adaptógenos, sustancias como la albahaca sagrada y la ashwagandha, empleadas para mejorar la tolerancia al estrés. En los dos casos la advertencia es la misma: nada de empezar a tomarlas por cuenta propia, menos aún si hay embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos en curso. Una tisana puede ayudar a relajar, pero no sustituye una indicación médica cuando el cuadro ya está instalado.
El quinto hábito es, en cierto sentido, el más íntimo: reconocer los propios ciclos de energía. Shand señala que la energía varía a lo largo del ciclo menstrual en mujeres y a lo largo de la jornada en cualquier persona, y que ajustar las tareas más exigentes a esos picos suele ser más efectivo que pelear contra el reloj. Volver a escucharse, decía la nutricionista, es el primer paso para que el cortisol deje de gritar.
Mientras escribo esta nota pienso en aquel hombre de la guardia. Salió con turno para clínica médica, análisis de sangre y una orden de descanso por dos semanas. No era un happy ending de película, pero empezaba a parecerse a un principio. El agotamiento laboral no se resuelve con un fin de semana largo ni con un licuado verde: exige revisar cómo se come, cómo se duerme y, sobre todo, cuánto tiempo lleva el cuerpo pidiendo parar sin que nadie lo haya escuchado.
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