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Cuando el cuerpo no apaga la alarma: cómo reconocer que el cansancio dejó de ser una semana pesada y se transformó en un estado de alerta permanente

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y dos revisiones científicas recientes coinciden en que el estrés sostenido deteriora el sueño, la atención y la capacidad de decidir; detectarlo a tiempo es la diferencia entre un mal momento y un desgaste que se cronifica.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 11 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Les quiero contar algo que me quedó dando vueltas mientras revisaba el material que publicaron los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, y que después confirmé con dos revisiones científicas publicadas el año pasado y el anterior: existe una frontera bastante difusa entre haber tenido una semana exigente y estar viviendo en alerta permanente sin darse cuenta, y esa frontera se cruza en silencio, sin un anuncio que avise que algo cambió, de modo que uno sigue cumpliendo con la rutina, sigue llegando a tiempo a los lugares, sigue respondiendo mensajes y cumpliendo compromisos mientras el cuerpo y la mente ya están operando al límite, y la trampa más grande de este estado es justamente esa, porque la continuidad de la vida cotidiana actúa como una señal engañosa que nos convence de que todo está en orden cuando en realidad hace rato que no lo está.

Qué dicen los CDC y la evidencia reciente

Los CDC

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos advierten, y cito porque me parece importante no perder precisión en un tema de salud, que el estrés sostenido en el tiempo puede provocar dificultades para dormir, problemas de concentración, cambios de humor y una menor capacidad para tomar decisiones, y lo notable es que estos síntomas no siempre aparecen juntos ni de forma evidente, sino que la mayoría de las veces se presentan dispersos: una persona se despierta a las tres de la mañana sin motivo aparente, olvida lo que iba a decir a mitad de una frase o reacciona con más intensidad de la habitual ante algo menor, y ahí es donde empieza el problema, porque cada señal por separado parece una pavada, una mala noche, un olvido cualquiera, una susceptibilidad pasajera, y por eso cuesta tanto ver el patrón.

Una revisión publicada en 2025 en la revista Frontiers in Psychology analizó 45 revisiones y más de 2.000 estudios, y encontró que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos, sobre todo en atención, memoria y funciones ejecutivas, aparecen de manera consistente en cuadros de estrés crónico; a eso se suma otro estudio publicado en 2024 en Neurobiology of Stress, que señaló que la exposición prolongada puede afectar la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control de la conducta, y cuando uno pone estos hallazgos en fila aparece un cuadro bastante claro: no se trata de debilidad ni de exageración, sino de un cerebro que está administrando mal recursos básicos porque la respuesta de estrés no logra apagarse.

“El problema surge cuando la respuesta de estrés no logra apagarse; en ese punto, el cerebro deja de administrar bien recursos básicos: organizar, recordar, priorizar y responder con calma se vuelven tareas que consumen más energía que antes.”Leah Doane, profesora de Psicología de Arizona State University
  • Dormir peor y despertarse a deshora sin motivo, varias veces por semana y no solo de manera aislada.
  • Perder el hilo de una conversación a mitad de una frase o olvidar lo que se iba a decir.
  • Irritarse o reaccionar con más intensidad de la habitual ante contratiempos menores.
  • Sentir que organizar, priorizar y tomar decisiones demandan un esfuerzo cada vez mayor.
  • Cumplir con la rutina igual que siempre, mientras la tolerancia a la frustración y el ánimo se van deteriorando en silencio.

El modo supervivencia como señal de alerta

El modo supervivencia

En los últimos años empezó a circular en espacios de bienestar un concepto que no es un diagnóstico clínico pero que sirve para ordenar señales que, tomadas por separado, parecen insignificantes: el llamado modo supervivencia, que describe este estado de alerta sostenido en el que el cuerpo sigue funcionando como si estuviera frente a una amenaza, aunque la amenaza ya no esté a la vista, y lo que importa, me parece a mí, no es tanto el nombre sino el patrón, porque cuando ese patrón se repite durante semanas o meses lo que está pasando es que el sistema de estrés dejó de cumplir su función original, que era protegernos ante un peligro concreto y breve, y se quedó trabado en encendido, con todo lo que eso implica para el sueño, la memoria, el humor y la salud en general, y la recomendación de los especialistas es no esperar a que el cuerpo avise con algo más grave: si varias de estas señales aparecen juntas y se sostienen en el tiempo, lo más prudente es consultar a un profesional antes de normalizar lo que ya dejó de ser normal.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio

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