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Diez minutos antes de apagar la luz: la pequeña rutina del dormitorio que puede cambiar la noche

Un repaso por las acciones simples que recomiendan los especialistas para preparar el cuarto, alejar las pantallas y sostener una secuencia que ayude a dormir mejor, sin promesas mágicas.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 19 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acomodar la cama, bajar la intensidad de la luz y dejar el teléfono fuera del alcance son gestos que parecen menores, pero pueden convertirse en la frontera invisible entre el día y la noche. Preparar el dormitorio antes de acostarse no garantiza un sueño perfecto ni reemplaza un tratamiento médico, aunque sí ayuda a ordenar una rutina de descanso que muchas personas dan por perdida entre notificaciones, pantallas y pendientes que se arrastran hasta la madrugada.

El celular, la primera batalla

El primer enemigo de la noche suele estar a la vista: el teléfono en la mesa de luz. Los especialistas insisten en que no alcanza con dejarlo boca abajo, porque la tentación de mirarlo sigue latente. Por eso, la recomendación más firme es sacarlo del dormitorio o, al menos, dejarlo en otra habitación cargando hasta la mañana siguiente. La luz azul que emiten estos dispositivos es una de las razones más conocidas, pero no es la única: el contenido que se consume y la hora en que se hace también pesan. Investigaciones recientes encontraron que el uso diario de pantallas antes de dormir se asocia con horarios de sueño más tardíos, menos horas de descanso y una peor percepción de la calidad del sueño, aunque remarcan que asociación no es causalidad.

Silenciar las alertas, activar el modo avión o dejar el celular en un cajón cerrado son alternativas válidas. La idea central es que el dormitorio recupere su función principal: dormir. Trabajar, estudiar o hacer scrolling desde la cama rompe esa frontera y mantiene al cerebro en modo alerta cuando debería empezar a soltar el día.

El ambiente también cuenta

Con los dispositivos a un costado, quedan unos diez minutos de preparativos que pueden cambiar el clima del cuarto. Dejar acomodada la ropa de cama y despejar la mesita de luz evita sumarse tareas justo en el momento en que el cuerpo pide bajar el ritmo. Cerrar las cortinas ayuda a limitar la luz de la calle, mientras que apagar la luz principal y encender una lámpara de menor intensidad marca, de manera casi física, que la jornada terminó. Al momento de dormir, la sugerencia es apagar todas las luces y quedarse a oscuras.

  • Una o dos horas antes: leer en papel, escuchar música suave o hacer ejercicios de respiración, sin pantallas de por medio.
  • Treinta minutos antes: anotar los pendientes del día siguiente en una libreta para sacarlos de la cabeza.
  • Diez minutos antes: dejar la cama tendida, la mesita despejada y el teléfono fuera de la habitación.
  • Cinco minutos antes: bajar la intensidad de la luz, cerrar cortinas y, si se puede, regular la temperatura del ambiente entre 18 y 22 grados.
  • Al acostarse: apagar todas las luces y evitar volver a encender el celular hasta la mañana siguiente.

La clave no está en la lista, sino en la repetición. Convertir esa secuencia en un hábito reconocible ayuda a que el cerebro asocie esas acciones con el momento de dormir. No existe una fórmula única ni una respuesta definitiva para todas las dificultades de sueño: lo que funciona para un adulto con horario de oficina le sirve a quien trabaja de noche o a quien convive con chicos pequeños. Por eso, los especialistas remarcan que la rutina debe ser flexible y adaptarse a la vida real de cada persona, sin convertir la noche en otra tarea pendiente.

Dormir mejor, en definitiva, no depende de un solo truco. Depende de sostener en el tiempo un conjunto pequeño de decisiones que le dicen al cuerpo que ya es hora de bajar el volumen del mundo. Preparar el cuarto, alejar el teléfono y repetir esos gestos cada noche es, en muchos casos, el primer paso para recuperar el descanso.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio

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