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Dos mil kilómetros para comprobar que Cataluña es mucho más que Barcelona

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Marta TolabaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Dos mil kilómetros para comprobar que Cataluña es mucho más que Barcelona

A veces uno cree que ya conoce un lugar y aparece un itinerario que le desmiente la soberbia. El Grand Tour de Cataluña propone algo tan sencillo como insólito: recorrer dos mil kilómetros empezando y terminando en Barcelona, con la libertad de hacer solo un tramo o toda la vuelta. Suena lógico, pero pocos lo habían contado así: un circuito en auto, dividido en cinco etapas, pensado para que cada viajero arme su propio viaje según el humor y las vacaciones que tenga.

Las cinco etapas, en cifras

  • Barcelona a Tarragona: 462 kilómetros.
  • Tarragona a Lleida: 418 kilómetros.
  • Lleida a La Seu d'Urgell: 357 kilómetros.
  • La Seu d'Urgell a Figueres: 357 kilómetros.

Las distancias están ahí, no las inventé yo. Sirven para delimitar tiempos y decidir si uno quiere playa, montaña o patrimonio. (Spoiler: todo junto es mejor.)

Para los que eligen el Mediterráneo

Si el plan es sol, mar y gastronomía, el recorrido suma escalas con peso propio. Sitges ofrece su paseo marítimo y el museo Maricel. Cambrils permite paseos en catamarán y obliga a probar el suquet de romesco, ese guiso catalán que mezcla pescados y mariscos con una salsa que justifica el viaje por sí sola. Reus, mientras tanto, agrega dos cosas que en Argentina sabemos apreciar: vermut y modernismo. La ruta modernista de Reus reúne 26 edificios, suficiente para caminar con la lengua afuera y la copa en la mano.

Para los que quieren pisar historia

Tarragona conserva murallas, un anfiteatro frente al mar y restos de la antigua ciudad romana. Ahí no hace falta inventar épica: la piedra habla sola. Quienes quieran monasticenarse (perdón, monasticar) pueden tomar la Ruta del Císter, que enlaza Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges. Cerca de Barcelona aparece la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, y más arriba Montserrat, con su monasterio colgado a 720 metros de altura y servicios de comida y alojamiento para visitantes. O sea: se puede ir a misa o a comer, que en vacaciones todo se vale.

Para los que prefieren la montaña

El sector pirenaico es el que más pide pulmones. El Congost de Mont-rebei se recorre a pie o en kayak, según el grado de locura de cada uno. En el Valle de Boí esperan ocho iglesias y una ermita románicas declaradas Patrimonio Mundial, además del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici. Quien quiera mirar arriba puede pasar por el Parque Astronómico del Montsec. Quien quiera mojarse, Pallars Sobirà ofrece rafting sobre el río Noguera Pallaresa. Y para bajar un cambio, queda el Ecomuseo de los Valles de Àneu, con sus viviendas y la vida familiar de comienzos del siglo XX. Un respiro antes de volver al auto.

Mi recomendación concreta

Si tuviera que elegir un solo tramo, me quedaría con el que une Lleida y La Seu d'Urgell: combina monasterios del Císter, el preludio de los Pirineos y la sensación de que el Mediterráneo quedó lejos. Quienes tengan una semana completa pueden sumar el tramo siguiente hasta Figueres y cerrar el viaje con la Costa Brava. Quienes tengan solo tres días, apunten a Barcelona-Tarragona y dedíquense al suquet de romesco en algún restaurante frente a la lámpara. Ojo: no es obligatorio terminar en Barcelona, aunque el circuito lo sugiera. La ruta es una guía, no una orden.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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