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Dulce de membrillo en carrera larga: combustible sabroso, pero no alcanza solo

Aporta azúcares de manera práctica y palatable, aunque especialistas en nutrición deportiva aclaran que conviene dosificarlo, combinarlo y probarlo antes para evitar problemas digestivos en plena exigencia.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 27 DE SEPT DE 2026 · 6 min de lectura

Soy Ramiro Segundo, de Comunidades y territorio, y quiero compartir con ustedes una lectura que vengo dándole hace tiempo a un tema que parece menor pero que toca de lleno la vida cotidiana de quienes corren, pedalean o caminan largas distancias: el uso del dulce de membrillo como combustible durante el esfuerzo. Hecha esa primera presentación que me es habitual, les cuento que la cuestión de fondo no pasa por si el membrillo es bueno o malo, sino por entender qué aporta, qué no aporta y en qué momento se vuelve un aliado serio para quienes necesitan energía sostenida en actividades que se extienden más allá de los sesenta minutos.

Por qué el membrillo vuelve a las mochilas de los corredores

El dulce de membrillo tiene una ventaja concreta frente a otros alimentos pensados para el running: es denso en carbohidratos simples, se corta en porciones relativamente estables, no necesita refrigeración inmediata y, a diferencia de los geles comerciales, su gusto y su textura resultan familiares para la mayoría de los atletas argentinos, que crecieron viendo llegar a la mesa una fuente de madera con la pasta dorada coronada por dos hojas de la misma fruta. Esa familiaridad no es un dato menor: durante una carrera larga, cualquier sensación de disconfort gástrico se amplifica, y comer algo que el cuerpo reconoce y tolera bien marca la diferencia entre terminar la prueba con energía o pelearse con el estómago en el kilómetro veinticinco. A esa ventaja práctica se suma otra, que también vale la pena nombrar: el membrillo resulta accesible en cualquier almacén o dietética del conurbano y del interior, lo que lo convierte en una alternativa razonable para entrenamientos barriales o para pruebas donde el corredor no quiere gastar fortunas en geles importados.

  • Aporta principalmente azúcares simples, que el cuerpo absorbe con rapidez durante el esfuerzo.
  • Es fácil de transportar en trozos envueltos en papel film o en pequeños recipientes plásticos.
  • Resulta palatable y culturalmente cercano, lo que mejora la adherencia en pruebas largas.
  • Es estable a temperatura ambiente, un punto importante en carreras de verano.
  • Puede prepararse en casa, con membrillo, azúcar y un toque de limón, controlando así los ingredientes.

Lo que el dulce no resuelve: hidratación, electrolitos y nutrientes

Ahora bien, conviene no dejarse llevar por la primera buena impresión, porque el dulce de membrillo no cubre, por sí solo, lo que una carrera extensa le exige al organismo, y esa es la advertencia central que quiero dejar bien clara en esta nota. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva, en sus distintos posicionamientos sobre ingesta de carbohidratos durante el ejercicio, viene señalando que las necesidades cambian según la tolerancia intestinal de cada corredor, la exigencia del trazado y las condiciones ambientales, y que la referencia habitual para actividades de más de una hora se ubica en un rango de treinta a sesenta gramos de carbohidratos por hora, siempre con ajustes individuales. La Asociación Dietética Británica, por su parte, también ha indicado que consumir estos azúcares puede beneficiar el rendimiento cuando el ejercicio intenso supera los sesenta minutos, pero en ningún caso hablamos de un solo alimento que resuelva toda la ecuación.

El punto crítico pasa por lo que el dulce no tiene: agua y electrolitos. Durante esfuerzos prolongados, sobre todo con calor o humedad elevada, la alimentación y la hidratación se piensan de manera conjunta, porque lo que se pierde con el sudor no se repone comiendo membrillo. En sesiones largas, con altas temperaturas y pérdidas sudorales considerables, conviene sumar bebidas isotónicas o sales que aporten sodio, potasio y magnesio en proporciones razonables, algo que el dulce por su composición ni siquiera roza. A esa cuenta hay que sumarle otra observación que los especialistas remarcan y que muchas veces se pasa por alto: la fibra y las grasas presentes en algunas mezclas que se popularizaron como “membrillo energético”, con avena, almendras o frutos secos, pueden hacer más lenta la digestión y favorecer molestias durante esfuerzos exigentes, por lo que probar esa combinación en los entrenamientos largos previos a la carrera resulta imprescindible antes de llevarla a la competencia.

“Una mezcla de membrillo, avena y frutos secos puede servir antes de salir o fuera de la actividad, pero resultar menos tolerable mientras se corre; la fibra y las grasas pueden hacer más lenta la digestión y favorecer molestias durante esfuerzos exigentes.”Criterio recogido en materiales de nutrición deportiva consultados para esta nota

La organización de las porciones y el ensayo previo

Hay un problema práctico que merece subrayado: un trozo cortado a ojo no equivale a un gel comercial con etiqueta, porque en el membrillo la cantidad de carbohidratos varía con la receta, sobre todo cuando se trata de preparaciones caseras donde cada cocinero agrega más o menos azúcar según la dulzura de la fruta y el punto al que lleva la cocción. Por eso, organizar las porciones exige revisar la información nutricional del producto comprado o, en su defecto, estimar la composición a partir de los ingredientes del dulce casero, algo que cualquier nutricionista deportivo puede ayudar a calcular con bastante precisión. Una vez establecida la cantidad de carbohidratos por porción, el paso siguiente —y este sí es no negociable, si se me permite la expresión— consiste en probar esa misma porción y esa misma frecuencia durante los entrenamientos largos de varias semanas, registrando cómo responde el estómago, cuánta energía se siente y si aparecen náuseas, hinchazón o pesadez, variables que dependen también de la temperatura ambiente y de la intensidad del esfuerzo.

Quiero cerrar esta columna volviendo sobre la idea que me llevó a escribirla, porque me parece la más importante de todas las que quedaron arriba: el membrillo aporta, y mucho, en carreras largas, pero no cubre toda la alimentación. Después del esfuerzo, reponer energía es apenas una parte de la recuperación, ya que según el esfuerzo realizado y el intervalo hasta la próxima sesión, la comida posterior puede necesitar proteínas, líquidos y minerales además de carbohidratos, una observación que los manuales de nutrición deportiva repiten con insistencia y que conviene tener presente. La comunidad de corredores con la que vengo dialogando —pienso en grupos de entrenamiento de parque Chacabuco, de Adrogué y de la zona de Pilar, con quienes suelo compartir largas charlas tras los fondos de domingo— suele pedir, en ese tono directo que los caracteriza, que no se les endulcen los oídos con superalimentos ni con soluciones mágicas: lo que piden textualmente es información clara para decidir con responsabilidad qué llevar encima, y eso, me parece, es lo más valioso que un medio puede ofrecerles. Por eso, mi sugerencia final, casi como cierre de la nota, es que cada atleta pruebe su propio plan de alimentación en los entrenamientos largos antes de llevarlo a la carrera, registre qué le funcionó y qué no, y no dude en consultar a un nutricionista deportivo matriculado para ajustar cantidades, intervalos y combinaciones, porque el dulce de membrillo puede ser un gran aliado, pero no puede correr solo.

RS
Ramiro SegundoComunidades y territorio

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