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Huella Mayor: el programa neuquino que invita a los abuelos a recorrer su propia provincia

Más de 1.200 personas mayores participaron del lanzamiento en el estadio Ruca Che, donde se sortearon los primeros contingentes. La iniciativa prevé trasladar, alojar y acompañar a lo largo del año a unos 2.000 afiliados de centros de jubilados de toda la provincia, con paradas en la cordillera, el norte y la costa atlántica.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · · 3 min de lectura
Huella Mayor: el programa neuquino que invita a los abuelos a recorrer su propia provincia

En la ciudad de Neuquén, a metros del río que le dio nombre y frente al estadio donde Cantoni suele armar sus partidos más emotivos, el Gobierno provincial puso en marcha Huella Mayor, un programa de turismo social pensado exclusivamente para personas mayores de 60 años con domicilio acreditado en la provincia, y lo hizo delante de más de 1.200 adultos mayores que llegaron desde los pueblos del interior, de la cordillera y de la costa para ocupar las tribunas del Ruca Che, en lo que terminó siendo mucho más que un acto oficial: fue una celebración que mezcló la música de las bandas locales, los aplausos y la emoción de cientos de abuelos y abuelas que por fin sintieron que el Estado neuquino los miraba de frente.

La propuesta, que se inscribe dentro de las políticas de acompañamiento a la tercera edad que viene sosteniendo la gestión provincial, contempla atender a lo largo del año a más de 2.000 personas mediante contingentes semanales que recorrerán destinos tan distintos como las termas de Copahue y Caviahue, los paisajes de bosque y lago de Villa Pehuenia, la clásica postal de San Martín de los Andes, los pueblos cordilleranos de Huinganco, Las Ovejas, Manzano Amargo y Varvarco, el espejo de agua del Chocón y, cruzando a la provincia vecina, las playas de Las Grutas, ese balneario rionegrino al que los neuquinos sienten casi como propio.

Cómo anotarse y qué exige el programa

  • Tener 60 años o más y acreditar al menos cinco años de domicilio continuo en la provincia de Neuquén.
  • Presentar una ficha de salud con valoración de autonomía, en la que se detalle cualquier apoyo o cuidado que la persona requiera durante el viaje.
  • Inscribirse de manera grupal, a través de un centro de jubilados, un municipio, una comisión de fomento o una asociación civil. No se aceptan inscripciones individuales.
  • El programa cubre traslado, alojamiento cuando corresponde, alimentación y acompañamiento durante todo el recorrido, además de actividades recreativas y de recreación en los destinos.

La organización se sostiene con un armado de trabajo que, vale la pena explicar porque es lo que vuelve viable a la propuesta, articula al Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano con el Instituto de Seguridad Social del Neuquén (ISSN), el ente de turismo NeuquenTur, el Ente Provincial de Termas (Eproten), el Instituto Provincial de Juegos de Azar (IJAN) y la cadena de alojamientos Melewe, a los que se suman convenios con prestadores privados que cedieron hosterías, circuitos y propuestas recreativas a lo largo y a lo ancho del territorio neuquino, de modo que cada peso invertido rinda doble y cada pasajero pueda conocer aquello que quizá nunca tuvo cerca.

El ministro de Trabajo y Desarrollo Humano, Lucas Castelli, resumió el espíritu de la iniciativa al señalar que el objetivo central es "acompañar y llevar de la mano" a cada persona mayor que todavía no haya conocido la provincia, una definición que no es casual: en una geografía tan extensa y tan desigual como la neuquina, hay abuelos de localidades pequeñas que jamás pisaron Copahue o que nunca vieron el mar, y la administración decidió que el Estado tiene la responsabilidad de saldar esa deuda con viajes cuidados, gratuitos y organizados de manera colectiva para que nadie quede afuera por no tener cómo moverse solo.

Yo lo vi en la tribuna del Ruca Che, mientras se sorteaban los dos primeros grupos que viajarán en los próximos días: señoras con pañuelos en la cabeza que se abrazaban al escuchar sus nombres, jubilados con la credencial del centro colgada al cuello que se sacaban fotos con el celular prestado por un nieto, delegados barriales que repartían listas en papel para anotar a los que no habían podido llegar, y en todos los casos la misma sonrisa nerviosa, esa mezcla de asombro y de dignidad que aparece cuando un gobierno se acuerda de los que suelen quedar en los márgenes, y por eso, más allá del color político, vale la pena contar este lanzamiento como lo que parece ser: un acto de justicia territorial en toda regla.

RS
Ramiro SegundoComunidades y territorio

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