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Huerta de estación: cómo armar un botiquín verde con ortiga, ajo y cáscaras para sostener el jardín hasta el verano

El INTA rescata preparados de elaboración casera que sirven como barrera frente a pulgones, ácaros y hongos en la huerta familiar. Una recorrida por las recetas, sus tiempos de maceración y los cuidados a la hora de manipularlas, con la llegada de la primavera como escenario.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · · 4 min de lectura
Huerta de estación: cómo armar un botiquín verde con ortiga, ajo y cáscaras para sostener el jardín hasta el verano

Soy Ramiro Segundo, de Comunidades y Territorio, y en esta nota vuelvo a un tema que aparece cada año en los talleres de ProHuerta, las ferias de semillas y los grupos de WhatsApp de los barrios del Gran Buenos Aires y del interior: qué hacer cuando la huerta familiar empieza a llenarse de pulgones, de mosca blanca o de esa cenicilla que se come las hojas del zapallo y del tomate. La pregunta es la misma de siempre, pero la respuesta cambió: ya no hace falta salir corriendo a comprar un frasco con etiqueta roja. Para la mayoría de los problemas que aparecen en primavera y verano, alcanza con la ortiga, el ajo, las cáscaras de naranja y unas cebollas que siempre sobran en la cocina. Lo dice el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, que viene difundiendo un recetario casero pensado para huertas y jardines domésticos, no para campos comerciales.

La lógica que propone el INTA es entender qué pasa en cada estación, porque no es lo mismo pelear contra un hongo en octubre que contra un ácaro en enero. Cuando empieza la primavera, el calor se combina con humedad y aparecen los hongos: mildiu, oídio, roya, esa especie de polvillo blanco o naranja que mancha las hojas y arruina la flor. Más adelante, con el verano y el ambiente más seco, el escenario cambia: los insectos y los ácaros se multiplican porque el calor acelera su ciclo de vida y, además, encuentran más frutos y hojas tiernas para alimentarse. Por eso las recetas no son universales: hay preparados que sirven mejor para hongos y otros que apuntan a insectos chupadores o masticadores.

El purín de ortiga, la base de casi todo

La receta más conocida, y la que recomiendan los técnicos del INTA en las capacitaciones territoriales, es el purín fermentado de ortiga. Se hace con un kilo de planta fresca, o entre cien y doscientos gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja a la sombra, en un recipiente tapado sin hacer hermético, entre siete y doce días, revolviendo a diario con un palo de madera hasta que dejen de aparecer burbujas: esa es la señal de que la fermentación terminó. Antes de pulverizar sobre las plantas, se diluye en la misma proporción de agua, uno a uno. Controla pulgones y hongos, y de yapa aporta nitrógeno y otros nutrientes al suelo, así que termina funcionando como un fertilizante de bajo costo. Eso sí: la ortiga fresca quema la piel, por eso conviene cosecharla y manipularla con guantes gruesos, como se hace en las huertas comunitarias de la zona pampeana.

Ajo con alcohol, cáscaras de naranja y cebolla: las variantes de la alacena

  • Macerado concentrado de ajo con alcohol: se licúa una cabeza entera con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usar, se diluyen cien mililitros por litro de agua con un poco de jabón blanco neutro como adherente. Sirve contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.
  • Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos, se deja enfriar, se cuela y se pulveriza sobre las hojas afectadas. Funciona bien contra pulgones y cochinillas, sobre todo en plantas cítricas y ornamentales.
  • Cebolla en reposo: se cortan dos o tres cebollas medianas y se dejan en agua hirviente hasta cuarenta y ocho horas, después se filtra y se aplica sin diluir. Apunta a pulgones y a hongos de superficie, y es la receta más simple para quien recién empieza.
  • Infusión de ruda y salvia: en partes iguales, se colocan en agua caliente, se dejan enfriar y se pulverizan. Se aplica sin fermentación y resulta útil como preventivo contra pulgones en el inicio de la temporada.

Antes de preparar cualquiera de estos macerados, el INTA insiste en tres cuidados que parecen menores pero marcan la diferencia. Primero, usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica, nunca metálicos, porque el metal puede liberar sustancias que intoxican a la planta. Segundo, preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, ya que el sol directo degrada los principios activos y el olor de la fermentación se vuelve insoportable en un ambiente cerrado. Tercero, colar muy bien el líquido antes de cargarlo en el rociador: un resto de cáscara o de fibra de ortiga puede tapar la boquilla y arruinar la aplicación. Estos preparados no reemplazan a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero funcionan como prevención y, sobre todo, en los primeros estadios del problema, cuando la plaga todavía no se convirtió en una invasión.

“Lo que la comunidad pidió textualmente, en las sucesivas ediciones de los talleres, es que estas recetas sean simples, baratas y que no obliguen a salir del barrio a comprar nada raro. La huerta familiar, dicen los referentes territoriales, se sostiene cuando los remedios están en la cocina.”Referentes de los talleres de ProHuerta en el Área Metropolitana de Buenos Aires
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Ramiro SegundoComunidades y territorio

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